La desaparición de Stephanie Mailer – Joel Dicker


Si hay una llegada a las librerías precedida de ruido es la de Joël Dicker. A fin de cuentas, ¿quién no conoce a Harry Quebert? Pues este verano tenía que “caer” La desaparición de Stephanie Mailer.

Como todo libro comercial que se precie dispone de todos los ingredientes más o menos clave para que la gallina de los huevos de oro siga funcionando. Eso significa que tenemos un libro con un secreto, un tiempo pretérito junto a otro actual, un par de ubicaciones y algún personaje relacionado en mayor o menor medida con la literatura.

Y es que, en Dicker es recurrente el tema de los secretos y las cuentas pendientes con el pasado que el autor va desgranando de forma gradual según avanza el libro. Lo hace  a trevés de personajes bastante cristalinos, para saber si han de caernos bien, mal, o tienen el cartelito que dice “apunta a sorpresa” pegado a la espalda.

En el hilo actual, el protagonista principal es Rosemberg, que investigó en su día el crimen junto a su compañero y que, el autor nos deja claro, lleva la carga de “algo que pasó” y que ya descubriremos. Dicker es el rey del “algo”, nos va soltando mil y un pequeños secretos de cada personaje que nos van a ir desvelando poco a poco hasta convertir su historia en una suerte de serial lleno de mentiras, cuernos, divorcios, robos, hijas rebeldes y casi cualquier cosa que se nos pase por la cabeza con tal de mantener entretenido al lector durante las más de seiscientas páginas de la novela…y que por cierto, creo que son demasiadas.

Es cierto que eso hace de la novela un paseo entretenido fisgando vidas, pero al final uno se debate entre la sensación de que no hace falta enrollarse tanto con cada personaje que salga o el terror a que absolutamente todo lo de esta novela esté relacionado de algún modo, cosa que desafiaría la lógica del lector más crédulo. Así por ejemplo sabremos que existió una pareja de Rosemberg pero pasó “algo” y él ahora está solo, que tuvo un compañero y gran amigo con el que pasó “algo” y este dejó las calles y que a su compañera improvisada en estos días previos a su jubilación le pasó “algo” y se cambió de ciudad y “algo” más le sucedió con su encantadora y perfecta pareja. Y yo, lo siento, pero creo que Dicker tiene el síndrome del autor cotilla si es que eso existe, porque no hay chismorreo que no deje por escrito de cada uno de sus personajes.

En canto a la trama, está bien llevada, sin altibajos y sin dar tampoco demasiadas explicaciones o vueltas ya que el propósito de la novela queda claro: entretener. Y para entretener no hay que dar dolores de cabeza a los lectores, así que vamos llegando poco a poco a una satisfactoria resolución que nos deja con la sensación de haber visto un telefilme en el que nos suenan los personajes, o tal vez el entorno, pero que juraríamos no hemos visto hasta este momento.

En definitiva, se trata de un libro muy entretenido para cualquier lector aficionado a los misterios, cuyo mayor problema es que ese lector haya leído otros libros del autor. En ese caso, notará que ha perdido frescura respecto a sus primeros libros. Por lo demás no quiero que parezca que estoy cargando en contra de los libros entretenidos, ya que ese es el fin principal de la lectura y un objetivo complicado para el autor. Dicker cree haber encontrado la fórmula para conseguirlo.

Y vosotros, ¿sois fans de Dicker?

Valoración : Bueno

Editorial : Alfaguara

Fecha de lectura: 201808

Publicación: 2018

Traductor: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego

Nº de páginas: 647

ISBN: 978-84-204-3247-2

Resumen del libro :  

La noche del 30 de julio de 1994 la apacible población de Orphea, en los Hamptons, asiste a la gran apertura del festival de teatro. Pero el alcalde se retrasa… Mientras tanto, Samuel Paladin recorre las calles vacías buscando a su mujer, hasta hallar su cadáver ante la casa del alcalde. Dentro, toda la familia ha sido asesinada.

Jesse Rosenberg y Derek Scott son los dos jóvenes policías de Nueva York que resuelven con éxito el caso, pero veinte años más tarde, en la ceremonia de despedida de la policía a Rosenberg, la periodista Stephanie Mailer lo afronta: pretende que Dereck y Jesse se equivocaron de asesino a pesar de que la prueba se hallara delante de sus ojos, y que ella posee información clave. Pero días después, desaparece.

Así se inicia este colosal thriller que avanza en el pasado y el presente a ritmo vertiginoso, sumando tramas, personajes, sorpresas y vueltas de tuerca, sacudiendo e impulsando al lector sin freno posible hacia el inesperado e inolvidable desenlace.

Otros libros de Joel Dicker:

La verdad sobre el caso Harry Quebert – Joel Dicker

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