Mujer y media


Me lo dijo mi padre una vez: “tú te has casado con un mujer y media”. La adoró desde el primer momento. Era fácil que sucediera. Tenía todo lo que él me dijo, se podía admirar en una chica. Era alegre, descarada, deportista y hermosa. Y como siempre, tenía toda la razón:

Era, en todos los aspectos, ella y algo más, ella y un plus de ella, tanto para lo bueno, como para lo malo. Un carácter acentuado en todas sus sílabas. Poseía ese don de irradiar confianza sin esforzarse por hacerse ver, era una especie de playa donde todas las olas querían terminar, pero no por ello dejaba de imponer cierto misterio. Siempre había algo más lejano y más profundo a lo que nadie llegaba

Era tambien, un sopresa poder encontrarme a su lado. Yo era, siempre he pensado, su rasgo más desfavorecedor. Su lado malo. Confieso que por aquella época, no pasaba un día sin que no me preguntara a mi mismo porque me había elegido aquella mujer. Sólo con hacer así – plas – con los dedos y una mirada, podría haber tenido a su vera a alguien mejor que yo. Aquello me provocaba una incertidumbre que oscilaba entre el miedo y el orgullo.

Ahora, pasado el tiempo y mucho más calmado, tras practicar y aún no creer durante treinta años, tengo la sensación, y quizás también la seguridad y tranquilidad, de que entiende lo que no digo, de que lee lo que no he escrito.

¿Qué más le puedo pedir?

Un comentario en “Mujer y media

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